Una ex detenida en Campo de Mayo denunció utilización de bebés en sesiones de tortura

Una mujer que dio a luz en el hospital militar de Campo de Mayo después de haber sido secuestrada durante la dictadura denunció hoy la existencia de traslados de detenidas que pedían reencontrarse con sus bebés y la utilización de recién nacidos en sesiones de tortura.

Se trata de Celina Amalia Galeano, que fue secuestrada el 19 de agosto de 1978 junto con su compañero Osvaldo Balbi, autor del libro infantil “El elefantito” -que fue prohibido durante el régimen militar-, por una decena de personas equipadas con armas con silenciadores y cuando en la vivienda se encontraban dos de sus siete hijos y una de su compañero.

La testigo relató que luego de su secuestro fue llevada al centro clandestino “El Vesubio”, que funcionó en camino de Cintura y Richieri, en el partido de La Matanza, y que ese mismo día, en horas de la noche la llevaron en un camión a Campo de Mayo, ante la inminencia del alumbramiento.

Galeano declaró este miércoles en el juicio que se sigue por la existencia de un “Plan Sistemático” para la apropiación de hijos de mujeres secuestradas, cuyos partos se producían en unidades militares o de las fuerzas de seguridad, entre ellas la de Campo de Mayo.

En ese sentido, dijo haber escuchado durante su cautiverio los gritos de mujeres que exclamaban “mamá” y que con una de ellas, que no estaba embarazada, tuvo un encuentro ocasional en el que ésta le expresó: “Espero que nos podamos encontrar con nuestros hijos, porque nos dieron esta cruz de madera y nos dijeron que nos iban a trasladar”.

“Supongo que serían todas estas chicas que escuché que gritaban”, relató Galeano quien además contó que el director del hospital, cuyo nombre no recordaba, le aseguró que los gritos “son de personas recién operadas”.

Ante el Tribunal Oral Federal 6 (TOF6) la mujer, que fue secuestrada cuando tenía “los primeros trabajos de parto” y a los 40 años de edad, denunció que las criaturas recién nacidas podrían haber sido utilizadas para torturar a los padres, ya que cuando le dieron a su beba para amamantar, “tenía las uñas con sangre”.

En el juicio por los crímenes de la ESMA uno de los sobrevivientes, Carlos Lordkipanidse dijo haber sido torturado con corriente eléctrica con su bebé de meses sobre el pecho.

“Utilizaban a los bebés para los interrogatorios. A mi, a la nena me la llevaron con las uñas con sangre y un coágulo en el ojo, me la llevaron toda sucia y con olor a cigarrillo”, expresó la ex detenida en clara alusión a las posibles sesiones de tortura a las que habría sometido Balbi, quien sigue desaparecido.

Respecto de su liberación, producida 11 días después del nacimiento de su hija, a la que le entregaron, explicó que “los militares me pusieron a la beba en los brazos y me dejaron en la estación de Morón”, desde donde se trasladó a la casa de sus dos hijas mayores en Merlo.

Días después pudo regresar a su vivienda, que había sido totalmente saqueada por los militares, los que al momento del allanamiento le reclamaron la escritura con el propósito de apropiarla.

Galeano, recordó también durante su testimonio al párroco de la catedral de Morón Raúl Trotz, quien le aseguró que una catequista, Teresita Trotta de Castelli, había dado a luz a una criatura “que se encontraba en manos de buenos cristianos”, y que ella había viajado a España, cuando en realidad estaba desaparecida.

“No te preocupes que Teresita ha tenido una nena que está en buenas manos y ella está en España”, le habría dicho el prelado, quien secundaba al obispo Miguel Raspanti.

La hija de teresita Trotta recuperó en julio de 2008 su identidad en el marco de la búsqueda encarada por las Abuelas de Plaza de Mayo y de su hermana, militante de la agrupación HIJOS.

Galeano realizaba tareas junto a Trotta en un barrio de Merlo Norte, en el noroeste del gran Buenos Aires, junto con mujeres de desplazados de Santiago del Estero que trabajaban como tejedoras.

Antes, había declarado como testigo el médico obstetra Ernesto Tomás Petrocchi, quien dijo haber asistido en el hospital de la guarnición de Campo de Mayo a tres mujeres embarazadas a término, pero que no asistió a ninguno de sus partos.

Si bien las describió por sus características físicas “dos de ellas como aimarás o kollas, y la otra con rasgos muy finos”, no pudo identificarlas entre una veintena de fotografías que se le exhibieron durante la audiencia.

Petrocchi dijo que se trataba de “supuestas guerrilleras que se encontraban atadas, pero no vendadas” y las comparó con estrellas fugaces, al recordar que en el caso puntual de las tres mujeres las vio “una vez sola a cada una”.

Si bien aclaró que no asistió a los partos, coincidió con Galeano acerca de la existencia de operaciones de cesáreas para “adelantar los partos”.

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