El Gobierno nacional sostiene que la economía comenzó una etapa de recuperación luego del ajuste inicial, pero los datos del mercado laboral muestran un escenario todavía complejo. Según los registros oficiales, en un año se perdieron casi 97 mil puestos de trabajo privados registrados, mientras los salarios continúan creciendo por debajo de la inflación.
Según el informe de Situación y Evolución del Trabajo Registrado elaborado por la Secretaría de Trabajo, en marzo de 2026 había 6,188 millones de trabajadores asalariados privados registrados, un 1,5% menos que en el mismo mes del año anterior. La caída representa unos 96.700 empleos formales menos en doce meses.
El deterioro del empleo no fue un fenómeno aislado. De las 24 jurisdicciones relevadas, 20 registraron menos puestos privados formales que un año atrás.
La provincia de Buenos Aires, el principal distrito económico del país, también quedó dentro de esa tendencia: registró una caída interanual del 1,7% en el empleo privado registrado.
Los sectores más afectados fueron aquellos vinculados al mercado interno. La industria manufacturera, el comercio y otras actividades asociadas al consumo mostraron retrocesos, mientras que los sectores exportadores no lograron compensar la pérdida de puestos en ramas con mayor cantidad de trabajadores.
El dato aparece en un contexto donde la inflación mostró una desaceleración. El INDEC informó que mayo cerró con una suba del IPC del 2,1%, con una variación interanual del 33,2%.
Sin embargo, los ingresos todavía no lograron recuperar el terreno perdido. En marzo, el salario promedio bruto del sector privado registrado aumentó 31,6% interanual, por debajo de la inflación acumulada del período. La remuneración mediana tuvo una suba del 28,1%.
La pérdida de empleo y la evolución de los salarios impactan directamente en el consumo de los hogares. Aunque la inflación mensual muestre una desaceleración, la recuperación del poder adquisitivo requiere que los ingresos vuelvan a crecer por encima de los precios.
Así, el escenario económico combina dos realidades: una mejora en algunos indicadores macroeconómicos y, al mismo tiempo, dificultades persistentes en variables centrales para la población como el empleo, los ingresos y el consumo.